El arte de hablar en publico y la idoneidad Según Cicerón.


Según Cicerón una de las principales características de los grandes oradores es que su inteligencia cuenta con una gran memoria capaz de registrar todo lo que descansa sobre la observación común del cuerpo del orador y de las pasiones expresadas a través de aquel, que juega un papel importante en la selección del estilo, el prestigio y la autoridad del orador.     


Según los expertos, en esta obra Cicerón distingue cuatro virtudes que están involucradas en la declamación: un uso del lenguaje correcto, claridad, hablar con distinción y “de una manera que sea adecuada y conveniente (decoro) e idoneidad correspondiente a la importancia del asunto tratado”.  El adverbio latino decore viene del adjetivo decorus cuya raíz es el sustantivo decor y el verbo reflectare. Y  Respondiendo a la petición de Bruto de explicar su concepción de la oratoria, Cicerón traza la figura del “orador perfecto” señalando que este estar acode con los estándares aceptados de gusto y conducta idónea “no puede ser percibido por los ojos, ni por los oídos, ni por ningún sentido” ; solo lo comprendemos por el pensamiento y la mente”. 


Dando por sentado la necesidad de estudio de la lógica – es decir de acuerdo con el decoro- es un asunto de la facultad del juicio, saber qué es la idoneidad, idoneum, adatto, compsuo.,= idóneo, apto. No de las reglas, y esta íntimamente ligado al cumplimento de las expectativas y la satisfacción de los deseos de un auditorio particular.  

Cicerón define al orador idóneo así: “será, pues elocuente {….}aquel que en las causas forenses y civiles habla de forma que pruebe, agrade y convenza”. El orador debe probar su argumento, agradar a sus auditores y convencer a su auditorio -probare, detectare, flectere- al igual que el orador idóneo en de Oratore II, 115. 


Según Cicerón como si de una brújula interna se tratara “el buen gusto” orienta a la agudeza del orador en su mejor manera de expresarse y comunicarse.


La agudeza de ingenio es la capacidad que desarrolla la elocuencia que se manifiesta por medio de la expresión del gesto y el discurso como lenguaje del cuerpo se muestran en el arte de hablar en publico  y salen a nuestro encuentro cuando los buscamos y examinamos con el filo de nuestro ingenio. 

Y todas las forma de expresión son los recursos o componentes del discurso que empleamos para exponer de forma ordenada y coherente lo que queremos transmitir.

Ello se hace de forma oral (mediante mirada; el tono de las palabras, el ritmo, el timbre de la voz, etc.) y de forma escrita al filo de nuestra pluma.  Entonces y mediante la escritura se logra la colocación y conformación de las palabras técnicas que acabarán construyendo, produciendo el inventio de parte la teórica de la practica que se debe desarrollar “decorosamente”.   

 Y así realza el sutil y profundo talento del Arpinante: “varón de una novedad nobilísima y así como por su vida esclarecido, así por su ingenio máximo, y a quién debemos el no quedar vencidos del ingenio de aquellos cuyas armas vencimos”. 


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